miércoles 30 de julio de 2008

II

Comí tan rápido como pude, el viaje hacia la casa me había demorado aproximadamente media hora; ahora tenía que terminar pronto mis alimentos, pues a las tres de la tarde, y para ello faltaban escasos quince minutos, tenía que llegar al Museo del Folklor potosino para completar mis faltantes cuatro horas de servicio y así obtener el último requisito para poder salir de la universidad.

Mis tareas en el museo, eran encargarme de la difusión del mismo y colaborar con la parte creativa y de producción, lo cuál, siempre fua un aliciente para mí, pues si algo me gustaba hacer era eso.

En cuanto salí de mi casa sonó mi celular, era Grecia. Ella era mi novia desde hacía seis meses. Por alguna razón el destino la puso frente a mí en una fiesta y, no siendo yo, de los que saben o tiender a flirtear en las fiestas, me fue imposible poder pensar que ella y yo tendríamos esta relación ahora. Entonces atendí:

- ¿Bueno?

- Hola mi amor ¿Vas para el museo?

- Sí, acabo de salir de la casa ¿Alguna novedad?

- Sí, ya fui a la tienda de ropa y aparte tu traje para la fiesta de graduación, está hermoso.

- Bien, pues entonces en cuanto salga del museo si puedo me doy una vuelta para renerlo hoy mismo.

- Ok nene, entonces hablasmos al rato, adiós.

- Adiós.

El resto del día se me fue rápidamente, salí del museo, fui a recoger el traje y apenas comenzaba a oscurecer. Entonces caminé de la tienda al estacionamiento y lo único que podía pensar, es que ahora que iba a estar de año sabático, quería que nadie me molestara, sólo pasar el tiempo conmigo mismo, tratando de redescubrime, eso incluía a mi novia y a mi familia. Mi familia desde hace mucho tiempo había tenido conocimiento de mis planes, por lo cual no iba a ser demasiado problema hacerles mi planteamiento, pero Grecia, Aunque en un principio no podía dejar de estar con ella ni un sólo día, ahora las cosas habían cambiado, ella seguía tan atenta conmigo como la primera vez, pero creo que simplemente yo empecé a padecer de aburrimiento cuando estaba con ella, entonces comencé a recordar una vez más la vez que la conocí.

Cuando la vi por primera vez pensé inmediatamente en lo bella que era, mas cualquier ilusión que me hubiese hecho, instantaneamente se quebró, pues Héctor la abordó en cuanto la vió. Pero fue cuando entré a la cocina y tomé una cerveza, que ella llegó y nos encontramos de frente, miré su largo cabello negro y sus ojos tristes, no por que ella estuviera triste, sino por esa forma tan particular que tenían, como caiditos de sus extremos, sin embargo, eran muy bellos, grandes y tenían un brillo particular.

- ¿Buscas cerveza? - Le dije un poco asustado o, más bien, temeroso de su respuesta.

- En parte - secamente.

- ¿Cómo en parte?

- Sí, en parte- Creo que, efectivamente, su respuesta no fue muy grata ni daba pie a una conversación por lo menos amigable, así que decidí solamente destapar mi cerveza y salir de ahí ya con la estocada final.

- Espera, en parte por que estoy escapando de un tipo llamado Héctor.

- Creo que sé de quién hablas- comenté mientras reía.

- Pues no es gracioso, me acosa como un zombie de Romero.

- ¿Como el de "La noche de los muertos vivientes"?

- ¿Has visto esa película?

- Eso mismo te pregunto yo a tí.

Entonces caímos en la cuenta de que teníamos muchas cosas en común y a ella le agradaban las pláticas inteligentes; salimos un par de veces y después de eso decidimos estar juntos.

miércoles 23 de julio de 2008

1.- Antes de la graduación

I

Entre los trabajos y exámenes finales, el servicio social y los arreglos de la graduación, el tiempo se reducía y la presión aumentaba conforme pasaban los días. Ahora tenía que comenzar a pensar en mi "integración laboral", situación a la que nunca tuve intenciones de llegar tan pronto. Ahora más que nunca creo que la vida es sumamente efímera, nunca más vuelve a existir lo ya vivido, solamente queda en los recuerdos, las fotografías, los videos... no sé, en algún lugar entre el tiempo y el espacio. -Bienvenido a la triste realidad- solía decirme Grecia. Solamente me restaba esperar a que todo esto terminara, principalmente pensaba en tomarme un tiempo antes de iniciar con esa intensa vida, quería despejar mi mente, tal vez viajar o, simplemente estar en casa escribiendo cuentos, novelas, poesías, canciones o cualquier cosa que se me viniera a la cabeza.

Faltaban escasos tres días para la graduación y después de la última clase, esperé a que saliera Héctor, quien en algún modo, me complementaba tanto como yo a él. Cursamos juntos toda la carrera y siempre había notables diferencias entre nosotros. Mientras que él era extrovertido y un donjuan con las chicas, yo más bien era un tanto retraído y prefería estar un poco alejado de ellas, contrariamente a él siempre le gustaba platicar conmigo por que siempre lo ponía a pensar. De hecho, un día que bebímos cerveza hasta el desmayo, platicábamos de autores, libros y cosas que la mayoría de la gente suele etiquetar de aburridas, entonces recuerdo perfectamente lo que me dijo:

- ¿Sabes? por eso me gusta platicar contigo... por que toda la gente con la que hablo, siempre me da la razón de lo que les digo, nunca me argumentan nada, en cambio tú, siempre me haces ver las cosas de otro modo, siempre me das enfoques diferentes, y aunque a veces me encabrona, casi siempre tienes la razón.-

En aquel instante, me sentí sumamente halagado; recibir elogios de Héctor era como pedirle agua al desierto, aunque escasos, los había.

Entonces salió Héctor del salón de clase y, con ese aire tan despótico que lo caracteriza, sacó una cajetilla de cigarros, tomó uno, lo prendió, inhaló una bocanada de humo y miró la universidad, de izquierda a derecha, girando su cabeza lentamente, y cuando por fin llegó hasta el punto en donde estaba yo sentado viendo a qué hora pretendía terminar su numerito, exhaló, me vió y seriamente dijo, aunque yo sabía que lo hacía jugando:

-¿Qué me ves?

-Lo mamón que eres- Entonces me incorporé y caminamos hacía las escaleras rumbo a la salida del plantel para después seguir cada quien el camino hacia su respectiva casa.

martes 22 de julio de 2008

Prólogo

Después de cuatro largos e intensos años en la universidad, me gradué como licenciado en comunicación. Después de eso decidí tomarme un tiempo y dedicarme a lo que tanto me había apasionado desde adolescente: el arte. Por alguna extraña razón las cosas nunca volvieron a ser iguales en mi vida y, ahora, heme aquí, tratando de entender lo que pasó, escribiendo, reviviendo, revolviendo y extrañando lo que antaño acaeció.

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